¿Por qué es tan grande Muhammad Ali?

 

 

Aunque el mundo del boxeo nunca había visto 'peso pesado' como él y tampoco lo ha vuelto a ver; aunque fue un innovador, o mejor, un revolucionario que cambió la forma de boxear; aunque es considerado el deportista más grande de la historia de Norteamérica, esta no es la mayor grandeza de Muhammad Ali. 

Aunque fue un locuaz comunicador, un hombre mediático cuando el término mediático no existía, aunque globalizó al boxeo y fue un violinista en un deporte donde todos tocaban heavy metal, esta tampoco fue su mayor grandeza.

Nelson Mandela escuchaba feliz las peleas de Muhammad Ali en su celda, millones de niños negros no sólo en Estados Unidos sino en África y Latinoamérica crecieron descubriendo que ser negro era maravilloso, Ali le enseñó el orgullo a quienes no lo conocían y la dignidad a quienes se las habían arrebatado para siempre, Muhammad Ali es un referente de redención no sólo para los negros sino para la humanidad.

La mayor grandeza de Muhammad Ali es que siendo una gran figura pública en un país racista, les dijo a los negros de Estados Unidos y del mundo que ser negro era bello y grandioso. Muhammad Ali reivindicó el orgullo de ser negro cuando serlo era algo público, social, legal y oficialmente menospreciado. Hoy el alma de Muhammad Ali está en todos aquellos quienes luchan contra la injusticia, cuando la injusticia es la normal, y esta es precisamente su mayor grandeza.

No hay otra forma de explicar que un hombre negro y musulmán, es decir, en las antípodas del ser ideal americano, haya tenido el máximo honor de prender la antorcha olímpica en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. Aquella Atlanta en el corazón del sur de Estados Unidos que construyó su prosperidad sobre el lomo de los negros y donde no hace más de 100 años los granjeros los linchaban ilegalmente y exhibían públicamente sus cuerpos colgados.

Muhammad Ali pudo haber ido a Vietnam, Estados Unidos habría colocado a su invencible campeón mundial en el combate de la amenaza comunista, Ali se habría ganado “un lugar en el corazón de los americanos” de aquella época y todo esto habría sido un segundo gran impulso para su carrera al regresar como un “héroe de guerra” a seguir ganando títulos. Pero no, se rehusó a ir a Vietnam, perdió su título, su licencia para boxear y fue condenado a cinco años de prisión que los evitó con una fianza. En su esplendor físico y técnico con poco más de 25 años Ali perdió seis de sus mejore años sin poder boxear. Los expertos dicen que el mejor Muhammad Ali nunca se pudo ver porque se desperdició en aquellos 6 años de sanción, también estiman que Ali perdió 5 millones de dólares (centenares de hoy) en combates que no sostuvo. ¿Cómo un hombre con el mundo a sus pies y en la cima de su carrera decide perderlo casi todo por no ir a una guerra, donde ni siquiera lo iban a llevar hasta las líneas de combate? “No tengo nada contra el vietcong, al menos ellos nunca me han llamado ‘nigger’” dijo.

En un mundo en el que nuestra vida transcurre limitada por nimiedades dictadas por la sociedad de consumo y donde la moral y la ética son irrelevantes cuando hay que “aprovechar la oportunidad”, Muhammad Ali es de esos tipos raros de personas para quienes los principios y la dignidad son invaluables y por tanto innegociables.

Muhammad Ali pudo ser sólo el mayor boxeador de todos los tiempos, montar una fundación para lucir caritativo, tomarse fotos con niños con cáncer para parecer bondadoso  y dedicarse a disfrutar sus millones; ¿por qué no eligió esa vida? básicamente porque fue un hombre con un muy alto sentido del orgullo y la dignidad, pero quién  vivió el racismo en toda su crudeza, los policías lo detenían cuando trotaba porque pensaban que era un ladrón; cuando era niño no podía tomar agua en los dispensadores de los blancos; cuando iba a una tienda de ropa le decían que los negros no se podían medir la ropa. Él vivió lo que significaba que te repudien por el sólo hecho de existir y lejos de resignarse, Muhammad Ali reivindicó y exaltó lo hermoso de ser negro, la cultura afrodescendiente y lo hizo con genuino orgullo. Su mayor pelea no fue vencer al matón Sonny Liston ni a sus 32 años a Foreman, su mayor pelea fue demostrarle a una sociedad enferma de racismo, el orgullo de ser negro y eso no sólo es un logro para su etnia sino para la especie humana.

En la Fundación ACUA consideramos la lucha contra la discriminación racial como uno de nuestros ejes fundamentales sobre todo en estos tiempos donde esta se camufla larvada en perjuicios y exclusión social. Hoy las comunidades afrocolombianas viven en las regiones más deprimidas del país y en los barrios más pobres de las ciudades; tienen mayores tasas de desempleo, menos acceso a la salud y educación, por otro lado, la participación de las comunidades afrodescendientes en el Congreso, los gobiernos y las Altas Cortes es anecdótica. Para la Fundación ACUA personas como Muhammad Ali son una inspiración cuando apostamos por redoblar esfuerzos para impulsar proyectos productivos con mujeres del Pacífico, con comunidades palenqueras del Caribe o mujeres cangrejeras de Providencia.  Es en personalidades como Muhammad Ali, Nelson Mandela, Benkos Biohó, Delia y Manuel Zapata Olivella en quienes basamos nuestros ideales para preservar y desarrollar los activos culturales afro.

 

Equipo Fundación ACUA

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