El jardín de donde vienen los músicos

El jardín de donde vienen los músicos

Por: Carlos Torres Tangarife Para El Espectador

Hubo un tiempo en el que la riqueza de una persona no se medía por la cantidad de carros y de casas, sino por el número de esclavos negros.

A lo largo del siglo XVII, los esclavos echaron raíces a lo largo de la costa Pacífica de un país.  Dicho litoral es un andén de 83.170 kilómetros de terreno, de abundante vegetación, oro y pesca.

Los negros formaron pueblos enteros. Por más lejos que estuvieran del centro, aislados, se las arreglaron para comunicarse con el resto de un país, a través de sus ríos, del mar y la música.

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Inés Granja: La memoria de Justino es uno de los temas con más versiones. Su autora suele interpretarla en recitales. 

Foto: Archivo Shock.

Tócala como si fuera la última vez

Dicen que la marimba es indígena. Algunos sostienen que viene de Centroamérica y otros, que la trajeron del continente negro. Todo el mundo siempre tiene algo qué decir. “El instrumento viene de África, los esclavos tuvieron que arreglárselas para emularlo –narra Enrique Riascos– . Al no encontrar los mismos materiales, iniciaron un proceso de transformación con cada elemento de sus músicas. Para el caso del Pacífico sur de Colombia, desarrollaron la marimba de chonta.

Enrique la toca hace 17 años. No recuerda la primera vez que la vio, pero sí la puede ubicar en un espacio y en un fragmento de tiempo. El contacto se dio de manera natural, como la vez que vio sus propios padres. Sucedió en Guapi (Cauca), un municipio esencialmente afro, semillero de músicos, bañado por un río que el que lo ve por primera vez no se lo vuelve a sacar de la cabeza.  “Anteriormente, la marimba era sagrada, la interpretaban en eventos solemnes, como matrimonios y primeras comuniones. Ya no es así. En el día de la Virgen María y de San José, la gente sale con las suyas al parque y en comparsas va recorriendo los barrios”.

Enrique Riascos “Kike”: Es músico de Herencia de Timbiquí y director de Palma de Chonta, una fundación que enseña a jóvenes a tocar la marimba en Cauca y Valle.

Cuando Enrique golpea los dientes de la marimba con los tacos, evoca al profesor Héctor Sánchez. Sus enseñanzas en la adolescencia están en el sonido chispeante de la chonta. “En mi caso, busqué la manera de continuar absorbiendo de los expertos, que están allá, en mi pueblo, para que los niños tengan lecciones a través de escuelas de formación”.

Actualmente, Enrique tiene una red de 180 niños marimberos en Buenaventura, Guapi, Villarrica y Cali, donde reside desde los 17 años. Los menores experimentan lo que le sucedió a Enrique con Petronio Álvarez, José Torres (Gualajo) y Hugo Candelario, sus otros maestros, que lo inspiraron para convertirse en uno de los pilares de la agrupación Herencia de Timbiquí.

Zully Murillo: Es licenciada en Física y Matemáticas. Combinó la enseñanza en el Colegio Departamental Ciudad de Cali con la escritura de canciones. Su voz acompaña a Chocquitown en el tema Calentura.

Foto: Daniel Álvarez.

El primer canto de Zully Murillo    

“Antes era muy difícil que lo nuestro se conociera. No teníamos los medios. A nivel de difusión, nos han llevado ventaja los de la costa norte. La verdad seguimos rezagados, lo poco que se conocía del Pacífico eran las canciones costumbristas. Ahí está la obra de Markitos Micolta, en compañía de Peregoyo. Si te pones a ver, ni siquiera tenemos vías adecuadas que nos comuniquen con el resto del país. Si vives en Chocó y te invitan a tocar a Bogotá, debes tener tiempo, dinero y ganas de estar sentado horas en un bus, andando por una carretera peligrosa”.

Grupo Folclorico Lumbalú (20)

El Petronio. En la última edición del festival, que se celebró en agosto, asistieron más de 100.000 personas. Al igual que Rock al Parque, en Bogotá, su entrada es gratuita.

Foto: Aymer Álvarez Jr. / SEC. Cultura de Cali.

Sonidos del Pacífico

El Pacífico es un andén dividido en corrientes musicales. La marimba es un instrumento insignia del sur. Para ubicarlo podría trazarse una línea imaginaria de Buenaventura hacia abajo, camino a Cauca y Nariño, bordeando la orilla. A la izquierda, si se viaja en lancha, están Timbiquí, Guapi, Pizarro y, al fondo, Tumaco. “Para el caso del Pacífico sur vas a ver que la organología de los conjuntos es bastante tradicional, están los cununos, la marimba y el bombo, instrumentos de tipo africano –sostiene Paola Cano, socióloga de la Universidad del Valle–. En cambio, en Chocó hay instrumentación más europea, en sus músicas hay clarinetes y redoblantes”.

El violín caucano también es representativo. Su origen se remonta a los esclavos de las haciendas españolas, que lo adoptaron y elaboraron a su imagen y semejanza. También llamado violín negro, está construido en guadua. “Tenía 15 años, yo tocaba trompeta en un grupo de chirimía y, en un evento que se llamaba Cauca Contemporánea, había un grupo guapireño. Me acuerdo que, apenas sonó la marimba, me acerqué, porque sentí una conexión extraña con el universo, con el espíritu –dice Salomé Gómez, estudiante de Dirección de banda en la Universidad del Cauca y marimbista de Raíces del Pacífico–. Por haber crecido en Guachicona y en El Bordó, los violines negros me eran familiares. Estaban a la mano porque en el sur del departamento somos andinos, estamos al lado de la cordillera, tenemos instrumentos de viento y cuerdas, pero no marimbas. Me tocó aprender a tocarla por mi cuenta”.

Por encima de estas particularidades, el andén del Pacífico comparte una noción de africanidad. El Festival Petronio, que se organiza en Cali, en agosto, es un impulsador de su identidad. La reúne y la celebra. “Esta fiesta ha abierto espacios  –anota la investigadora Cano–. Ya se encuentran elementos que uno puede identificar hoy, como que Jairo Varela fusionaba la música chocoana con la salsa. Antes era raro ver a mestizos usando turbante o con trenzas, que supieran que existen formatos como la chirimía y el conjunto de marimba. El impacto del festival es grande, en términos de memoria, reconocimiento y de visibilización de una comunidad que por décadas ha estado olvidada”.

Alfonso Córdoba ‘El Brujo’: El chocoano fue influenciado por los boleros y los tangos de principios del siglo XX. Parte de su obra musical está inédita en un baúl familiar y algunas de sus piezas se encuentran en Youtube.

Foto: Najle Silva.

Segundo canto de Zully Murillo

“Las mujeres solo tenían un colegio para hacer el bachillerato, el de las Hermanas de la Presentación. Aceptaban niñas blancas, hijas legítimas. Era un colegio privado y les enseñaban a ser secretarias. ¿Qué ocurría con el resto de niñas? En los cuarenta, el senador Diego Luis Córdoba hizo posible la formación del Chocó como departamento. Gracias a este avance, todas las mujeres fuimos incluidas. El abogado Diego Luis nos dejó bien enseñado que de la ignorancia se desciende a la esclavitud. Yo estudié en mi tierra e hice la universidad en Bogotá. Otra vez en Quibdó, me casé y el padre de mis hijos dijo que teníamos que buscar otras oportunidades. En 1974 nos vinimos para Cali. Aquí trabajé de profesora de Matemáticas y Física. Me jubilé en el 2009. Cuando mis hijos se fueron a la universidad, tuve tiempo para dedicarme a mí, para rescatar las vivencias en la orilla de los ríos, bajo la luna, la vida sin electricidad. Empecé a darle salida a lo que tenía acumulado adentro. Di a conocer mis canciones. Alexis Lozano fue el primero en interesarse. Las grabó con su Orquesta Guayacán.

Hugo Candelario: Sus primeros discos son fieles a la organología tradicional del Pacífico. Hoy, el director del Grupo Bahía, combina instrumentos pensando en el disfrute del bailador, sin dejar de lado las raíces.

Foto: archivo Shock.

Vengo a cantar

“El señor Justino García, un hombre muy popular, con su marimba en la mano puso a temblar al litoral. Cómo tocaba, cómo se oía, cómo replicaba esa marimba…”, canta el Grupo Socavón. La leyenda de Justino García está condensada en una canción y en la cabeza de Hugo Candelario, director del Grupo Bahía. A finales de los años ochenta, lo vio en el Festival del Currulao, en Timbiquí (Cauca). “Una sola tarde compartimos –dice el músico y compositor–. Él no supo quién era yo. Fue tan fuerte su influencia en mí, su forma de tocar, que la manera en que yo hoy trato a la marimba se la debo a él”.

Otra de sus influencias es José Antonio Torres, Gualajo. Aquel que es capaz de indicar un recorrido, meterse por aquí, por allá, esto así, esto asá, merece que una calle del barrio lleve su nombre. La impronta de Gualajo y de Justino García está presente en el clásico Te vengo a cantar, una oda nostálgica de Hugo Candelario a su natal Guapi: “Buscando un poco de paz y buscándote a ti yo me perdí. Me perdí, me perdí, me perdí, me perdí, pero yo aprendí. Aprendí que para hallar la luz, hay que pasar por la oscuridad. Aprendí que para uno encontrarse tiene que buscar en la raíz”.

Hay temas que cada día se escuchan mejor. Las creaciones  de Candelario tienen un pie en lo tradicional y otro en lo contemporáneo. Ocupan un lugar en el folclor, que combina el legado sagrado y lo profano contemporáneo. “Con el corazón es un currulao que compuse para el primer Petronio (1996) –cuenta Candelario–. Tiene toda la estructura tradicional, con sus tres glosadas, sus tres chuliadas y su revuelta de marimba, solo que lo hice orquestado. Cuando la estaba haciendo sentí temor por cómo la gente iba a recibirla. ¿Cómo iban a sentir las trompetas y los saxofones? Empezamos a tocar y el público revoloteó los pañuelos blancos. Eso al Grupo Bahía le dio seguridad y nos reafirmó el camino”.

El desafío creativo del Grupo Bahía lo han tomado Esteban Copete y su Kinteto Pacífico, Rancho Aparte, Herencia de Timbiquí, Chocquibtown, Nidia Góngora, Alexis Play, cada uno a su manera.

Otra razón de Zully Murillo

“Nosotros tenemos que buscar paliativos y nuestro refugio es la música, principalmente. Después de semejante travesía, del continente africano hasta acá, somos sobrevivientes. Esa sola travesía deja huellas imborrables, huellas psicológicas. Somos muy sensibles y tenemos que mostrarle la salida a la sensibilidad. Por eso el arte es un refugio. Nos sirve para recordarnos quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos. Nuestras marcas cicatrizarán cuando el mundo sea diferente, porque todavía tenemos que lidiar con el prejuicio”.

Playlist de música del Pacífico

1. Mi buenaventura, de Peregoyo y su combo Vacaná.

2. La vamo a tumba, de Grupo Saboreo.

3. La banda, de Zully Murillo.

4. Te vengo a cantar, de Grupo Bahía

5. La memoria de Justino, de Inés Granja..

6. El negrito contento, de El Brujo.

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