El racismo no es broma: políticas públicas ante la migración

El racismo no es broma: políticas públicas ante la migración

Fuente: Contra Línea

En julio, dos noticias sobre migración en México, sin aparente relación entre ellas, tuvieron impactos y difusión desiguales. El día 31, diversos medios de comunicación  mostraron cómo en un grupo de WhatsApp de autoridades de la región Tapachula-Chiapas, la Procuradora Federal de Protección a Niñas Niños y Adolescentes, Martha Yolanda López Bravo, advertía del peligro de las personas migrantes de origen africano, caracterizándoles como “caníbales”. En un supuesto tono de broma, en el mismo chat, el subdirector de Representación Jurídica, Salvador Silva Becerra, respondió “jajaja no me vallan (sic) a ver con ojos de rostizado”. La conversación fue difundida por los medios de comunicación cuando algunas de las funcionarias públicas que integraban el grupo presentaron una denuncia que al día de hoy no ha sido atendida por ninguna de las instancias pertinentes. La otra noticia está relacionada con la operación del programa federal Sembrando Vida, cuyo objetivo declarado es combatir las causas de la migración de personas mexicanas, facilitando su arraigo a la tierra y la reforestación de zonas degradadas. Este objetivo inicial se amplió para integrar al mercado de trabajo a algunas poblaciones migrantes, actualmente retenidas en la región fronteriza en espera de avanzar en sus trámites de documentación. El primer grupo poblacional migrante beneficiado por esta ampliación, como jornaleros de este programa está conformado por personas de África, Haití, y garífunas (pueblo afrodescendiente de Honduras).

En el contexto de los complejos acontecimientos que se producen en la Frontera Sur de México, nada es casualidad y estas noticias merecen considerarse atentamente, pues muestran ideas y prácticas peligrosas y preocupantes. Los discursos y las acciones en ambas son síntomas que permean en los imaginarios sociales y en las políticas públicas. Estas noticias son muestra e indicio de un problema histórico-estructural que se manifiesta en nuestros días de una forma trágica y macabra. Tienen un elemento común destacado: muestran una forma perversa de entender, presentar y construir imaginarios sociales y políticas públicas sobre poblaciones racializadas: gente negra. Desde algunos ámbitos académicos, se ha denominado “racismo interno”, también “colonialidad interna”. ¿Por qué es importante poner atención a este elemento común?

La configuración del mundo actual y determinadas formas de pensamiento, no son producto de un día, ni de una casualidad. Más bien responden a una causalidad, es decir, a un proceso histórico cuyas consecuencias se mantienen, que se ven y que se sienten. Gran parte de ese proceso histórico está basado en determinadas ideas que surgen en Europa, y que se expanden a partir del rol hegemónico que han tenido en el mundo. Por ejemplo, la idea de democracia (Grecia), el mercantilismo-capitalismo (Europa central), los derechos humanos (Francia), la preponderancia de la religión católica o el idioma en nuestro continente (España-Portugal). A esta raíz subjetiva aunque pretendidamente universalista del mundo contemporáneo la podemos definir como Modernidad, un pensamiento que nace con la máxima del pensador francés Descartes (“Pienso, luego existo”) y que es la base profunda de la punta del iceberg que son aquellas notas que destacamos en el inicio.

Porque esa supuesta Modernidad, que ni es global, ni democrática, tiene un reverso oscuro: la Colonialidad. La otra cara de la moneda de aquel “pienso luego existo” remite a la construcción y justificación de otras personas que “no piensan y, por ende, no existen”. No son consideradas, pues, “humanas”. Aquella máxima sirvió como pretexto para la esclavización de las personas africanas, para la explotación y exterminio de los pueblos originarios del mundo, para mantener la violencia, el silenciamiento y la subalternidad de poblaciones rurales y/o racializadas.

Y no son procesos que hayan terminado, muy al contrario: la paradoja es que han terminado interiorizados en amplios sectores sociales que comparten color de piel y lugar de origen (también son personas morenas, de países del sur), pero que tratan de establecer una diferencia, una barrera, “blanqueando” sus declaraciones y replicando las lógicas y discursos de exclusión originalmente dirigidos hacia ellas mismas. En términos coloquiales, “siendo más papista que el papa”. A eso remite la idea del “racismo/colonialismo interno”. En otras palabras, el racismo/colonialidad no son un evento, son estructuras duraderas y adaptables, producen ideas sobre sujetos “caníbales” y “naturalmente buenos para el trabajo duro” con la máscara del humanitarismo y las políticas públicas equitativas.

Esa idea permite que en países históricamente dependientes, las políticas internas terminan replicando la estructura colonial desde quienes en otro momento fueron dominados. Quien fue esclavizado se vuelve esclavizador. Y da pie a paradojas, como reclamar a Estados Unidos por un trato digno a las personas migrantes de México, mientras se detiene y deporta a quienes migran por territorio propio.

A quién incisivamente argumente que se trata de una broma y una política bien intencionada y malentendida, preguntamos: ¿qué hubiera pasado si en lugar de tratarse de personas negras hubieran sido europeos blancos los objetivos de esa broma? Con la historia de corrupción característica de la vida política mexicana, ¿por qué deberíamos pensar que se trata de sólo una broma y no de una práctica cotidiana que refleja la visión institucional? Las eternas discusiones sobre el Estado y su práctica apuntan a no olvidar que aunque existen personas que realizan un trabajo excelente dentro de él, también existen personas que reflejan fielmente la estructura institucional. Aún más, esta estructura facilita que comportamientos como éste se consideren aislados y no tengan repercusiones jurídicas que prevengan y modifiquen estas acciones.

Por otro lado, aunque a priori la decisión de incluir a personas negras como las primeras beneficiarias de Sembrando Vida satisface los reclamos de inclusión y equidad, no es casualidad que el trabajo que se ha ofrecido tenga que ver con esfuerzos físicos que recuerdan a la Colonia, reavivando la idea de la predisposición natural de estas personas para estas actividades. También se refuerza la idea de que todas las personas negras son pobres y, por lo tanto, no están educadas para otro tipo de trabajos. ¿Cuáles serán las condiciones de trabajo que ofrece Sembrando Vida? ¿Tendrán beneficios médicos? ¿Qué pasará cuando termine? ¿Se les deportará? ¿Existen otros tipos de trabajo que incluyan la enorme diversidad de educaciones de estas personas? En este contexto y consideraciones, la lectura de las barreras que se imponen en Tapachula al tránsito de las personas migrantes de origen africano adquiere interpretaciones más complejas, difíciles de abordar cabalmente en estas líneas, pero que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) misma define y denuncia como “prácticas de perfilamiento racial”.

Las políticas públicas que se plantean en el sur México, en Centroamérica, y en muchos países históricamente colonizados e integrados hoy día en el mundo global, tienen y mantienen resabios a aquella Modernidad-Colonialidad. El peligro está en no considerarlos de forma crítica, y en su normalización que permea en expresiones cotidianas como “las personas migrantes que vienen son pandilleras”, “vienen a quitarnos el trabajo”, etcétera. Por supuesto nadie querrá reconocer el vínculo con ese oscuro pasado, porque “no somos racistas, pero…” Pero es ahí, en lo cotidiano y aparentemente inocente, en la broma y en las buenas intenciones, donde se reproduce el estigma y el racismo, se legitima la criminalización, y germina y acecha el peligro a un estallido social en el que no quedará claridad ninguna entre Identidad y Alteridad: quiénes somos Nosotras/Nosotros, y quiénes las Otras/los Otros. Todas y todos somos, antes que nada, seres humanos.

Vale la pena retomar las palabras de la Asamblea de Migrantes Africanos y Africanas en Tapachula del 29 de agosto, quienes desde las primeras líneas enfatizan su condición de personas antes que todo. Esa condición debería ser suficiente para llamar la atención y acusar a bromas y políticas públicas que deshumanizan a una población históricamente excluida y marginada.

 

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