¿Eres racista?

¿Eres racista?

Fuente: Perú21

El racismo no solo discrimina, excluye y aparta a los ciudadanos de un grupo o esfera social; sino que también las somete, mientras que le otorga una falsa e inexistente superioridad al racista.

El racismo es un parásito con el que convivimos todos los días y está tan normalizado en nuestra sociedad que cuando lo reconoces y alzas tu voz de protesta, muchos se aglomeran para calificarte por ser una persona “demasiado sensible”. Es un mal tan cotidiano que muchas veces se oculta sagaz entre broma y broma. Pero el primer paso para librarnos de esta lacra es reconocerlo e identificarlo. Por eso empezaremos por definir el racismo.

¿Qué es el racismo?

Según la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Raciales —el principal tratado internacional en materia de derechos humanos— adoptado en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 21 de diciembre de 1963; el racismo se define en el Artículo 1 como “cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la raza, color, descendencia u origen étnico o nacional, que tenga el propósito o efecto de invalidar o perjudicar el reconocimiento, goce o ejercicio, en situaciones iguales, de los derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural o cualquier otra área”.

El racismo no solo discrimina, excluye y aparta a los ciudadanos de un grupo o esfera social; sino que también los somete, mientras que otorga una falsa e inexistente superioridad al racista.

Recordemos que el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos». La Defensoría del Pueblo también resalta que la discriminación nos causa una afectación social.

Instrumentos de ONU para proteger contra la discriminación

Existen varios convenios que se han firmado en contra de la discriminación y apostando por políticas transversales para combatirlo. Sin embargo todo queda en un ideal, pues en la práctica existen nuevas víctimas de discriminación: los inmigrantes africanos en Europa y los inmigrantes venezolanos en América Latina, solo para poner un par de ejemplos.

Los esfuerzos para combatir la discriminación han sido reforzados en los últimos dos años. En septiembre de 2007, la Asamblea General adoptó la Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas. En mayo de 2008 entró en vigor la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y su Protocolo Facultativo. Pronto se establecerá un nuevo mecanismo para poder vigilar el cumplimiento de la Convención.

Finalmente, la Conferencia de examen de Durban contra el racismo de 2009 dará un nuevo impulso a la implementación de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, adoptados en 2001 en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia.

Ataque a la dignidad

Tal y como lo expone la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el racismo y la discriminación “son un ataque a la esencia de la dignidad de las personas porque intentan dividir la familia humana, a la cual pertenecen todos los pueblos e individuos, en categorías de las cuales algunas se consideran más valiosas que otras”.

A lo largo de la historia se ha demostrado que cuando se permite la discriminación, el racismo y la intolerancia se abre un camino tóxico y dañino que golpea a las siguientes generaciones, pues sus cimientos se envenenan. La única forma de vencer esta lacra es con diálogo y siendo conscientes que todos tenemos el mismo origen: nacimos de deshechos cósmicos.

¿Cómo combatir el racismo?

Cada uno de nosotros es un agente de cambio en potencia, solo necesitamos la voluntad y decisión de tomar acción para promover y defender los derechos humanos. Puedes participar en campañas que promuevan la igualdad y los principios fundamentales de las personas. También puedes compartir tu historia o donar.

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