Kasimba de sueños: el feminismo que se teje al calor de la herencia cimarrona

Kasimba de sueños: el feminismo que se teje al calor de la herencia cimarrona

Fuente: Revista Vive Afro

Kasimba de Sueños es la continuación de la fuerza cimarrona de Wiwa, de Orika y de todas las mujeres que allanaron los caminos para alcanzar la libertad y escribir su nombre con tinta de mujer.

El cementerio o –Kasariambe- en lengua palenquera, y el colegio que lleva por nombre Institución Educativa Técnica Agropecuaria Benkos Biohó, son los primeros lugares que se vislumbran al llegar a Palenque. Más adelante, en la plaza principal, se erige la estatua de Benkos y entonces su nombre vuelve a resonar. Los niños y las niñas conocen a profundad el significado del puño en alto y las cadenas rotas, repiten con vehemencia que Benkos fue el padre cimarrón que fundó un pueblo sinónimo de libertad.

Benkos es sin duda el personaje que, con su legado habita la historia, la memoria y el presente del primer pueblo libre de América. Por su parte, los nombres de Wiwa su compañera y Orika su hija se asoman en la historia pero su presencia parece diezmada en el tiempo y en el espacio. Ante esto, han sido las mujeres de Kasimba de Sueños las encargadas de rescatar su memoria y recordarle al pueblo que en la primera línea de las batallas cimarronas se encontraban las mujeres; hijas, compañeras, hermanas y madres que asumieron y gestaron la causa libertaria, no en condición de acompañantes, sino como verdaderas combatientes.

Mucho se ha hablado acerca de las estrategias diseñadas por las mujeres durante las fugas cimarronas; la función de los peinados y los turbantes, y el diseño de rutas y caminos plasmados en las trenzas. Sin embargo, el tratamiento que en la historia se le ha otorgado a estas hazañas parece haber opacado su osadía, quedando relegadas ante la imponencia que sugiere la imagen del guerrero en el campo de batalla; por ello, es preciso insistir en que las mujeres pusieron en marcha técnicas de defensa y auto-defensa cualificadas gracias a las formas de politización de la vida cotidiana y el despliegue de técnicas para la organización, el escape y el ataque a las fuerzas coloniales.

“Kasimba de sueños es un sueño” menciona Gladys Hernández, quien junto a Elida, Solvay, Pabla, Iselis, Maigualida, Josefa, Yadelsy, María, Hortencia y Sulay han sido forjadoras y continuadoras de un sueño de libertad; su lucha no se ha limitado a resignificar el lugar de sus ancestras en la historia, sino sobre todo a vivificar su legado por medio de la organización y la defensa de los derechos de las mujeres palenqueras; hace cerca de cinco años conformaron la Asociación de Mujeres Palenqueras para el Desarrollo Integral Comunitario-Kasimba de Sueños, y desde entonces han desplegado acciones de formación vinculadas a la necesidad de cuestionar y desmontar las expresiones de violencia ejercidas a través de prácticas y actitudes patriarcales que aún perviven dentro de la comunidad, muchas veces respaldadas en las narrativas patriarcales de la tradición.

Así mismo se han dado a la tarea de modificar el paisaje cotidiano del pueblo e interrumpir la normalidad, en fechas como el 8 de marzo o el 25 de noviembre organizan marchas y eventos en los que convocan a las mujeres de la comunidad para “hacerse sentir” como ellas mismas lo mencionan, orientan y acompañan procesos de denuncia y visibilizan los diferentes tipos de violencia a los que han sido expuestas y de los que han sido víctimas dentro y fuera de la comunidad.

Se refieren a su experiencia como parte de una práctica política feminista, reconociendo que el feminismo que intentan construir tiene una voz, una historia y un discurso histórica y políticamente determinados, y es justamente esa la razón por la cual insisten en revisar su historia y reescribir los capítulos en los que han sido relegadas.

Tal y como sucede en los feminismos comunitarios y los feminismos negros, las mujeres de Kasimba de Sueños no conciben su lucha al margen de las luchas que hoy en día continúa librando la comunidad palenquera y afro-colombiana por extensión, saben que sus batallas se encuentran atravesadas por las demandas históricas del pueblo negro en contra del racismo, la discriminación, el despojo, la marginalización y la injusticia social, y en éste sentido, reconocen que su lucha es doble y que la práctica feminista que intentan construir debe desafiar todos los sistemas de opresión.

Hablar de libertad con rostro de mujer en el primer pueblo libre de América, constituye uno de los propósitos, lo cual implica reconocer que la libertad para las mujeres del pueblo ha sido una conquista diferenciada, y una lucha librada dentro de la misma comunidad, de ahí la importancia de resignificar las labores y los saberes de las mujeres que durante años se han dado a la tarea de preservar desde diferentes frentes como la educación, el arte, la organización social, la producción académica y literaria, el cultivo, la medicina tradicional y la artesanía, a fin de transformar la tradición, salvaguardando todo aquello que ha caracterizado la voluntad de vida de los pueblos afro-colombianos y desmontando los arreglos culturales que subordinan y violentan el lugar de las mujeres.

Kasimba de Sueños es entonces la continuación de la fuerza cimarrona de Wiwa, de Orika, de Graciela Salgado, de Dolores Salinas, de Tía Masú y de todas las mujeres que allanaron los caminos para alcanzar la libertad y escribir su nombre con tinta de mujer.

   Por: Lucía Castillo Rincón
eluciacastillo@gmail.com
Fotografía: Archivo digital de la asociación

 

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