Encocado de pescado y jugo de naidí, una tradición del Pacífico colombiano

Encocado de pescado y jugo de naidí, una tradición del Pacífico colombiano

En la décima sesión de Experiencias Kumé, tuvimos un encuentro de saberes del Pacífico colombiano, aprendimos a preparar encocado de pelada y jugo de naidí con la maestra Gladys García, una mujer oriunda de López de Micay radicada en Buenaventura, lleva más de 30 años inmersa en la cultura gastronómica de esta región y aprendió estos saberes por su madre y su abuela. Desde los 23 años llegó a Buenaventura  y comenzó a trabajar en la plaza de mercado, donde se ha posicionado por sus saberes y su sazón. En esta oportunidad contamos con la participación de Teófila Betancourt,  una mujer rural de la vereda sansón (Guapi, Cauca), nació y creció con sus prácticas tradicionales, es directora de la Fundación Chiyangua y trabaja por la reivindicación de los derechos de las mujeres. Para esta clase habló sobre las hierbas de azotea usadas para esta preparación, ya que es una de sus prácticas tradicionales. Le contó a los participantes que las mujeres hacían sus azoteas para condimentar y se compartían entre las familias, rescatando que esta actividad generaba lazos de amistad y hermandad entre comunidades, además porque cumplen un rol medicinal, religioso y ayuda a subsanar dos elementos: la seguridad alimentaria y la medicina tradicional.

Todas las hierbas de azotea han contribuido a la supervivencia de las comunidades del Pacífico, convirtiéndose esta actividad es una estrategia de las mujeres como proceso comunitario y acción de resistencia del territorio.

Por otra parte, la sesión estuvo acompañada por el maestro Alfredo Vanín, quien habló sobre el naidí, un fruto que era usado por los indígenas y  por los esclavizados que llegaron de África; quienes en aquel tiempo se encontraron con plantas y animales desconocidos, por lo que se vieron obligados a forjar procesos de creatividad entre sus conocimientos y los lugares a los que llegaron, puesto que  cuidar de la cocina y su salud era indispensable.

Así mismo, el maestro Vanín les contó a los participantes que en una gira con unos alemanes comprobaron que en las casas donde había todas las plantas se reflejaban menos índices de paludismo; estos espacios se construían con potrillos viejos o mochos, se adecuaban y se ponían como azoteas y la tierra se llenaba de conchas de mar. Los indígenas como en Ecuador, Perú y Colombia, en la selva tropical húmeda tuvieron que adaptarse, los africanos traían conocimiento y se adaptaron a las nuevas plantas que empezaron a conocer, las hierbas tienen un origen cimarrón, los negros construían cultivos en la selva lejos de las residencias para su huida pero no se pudieron traer plantas porque son ecosistemas diferentes. Los hombres y mujeres de África llegaron con conocimientos y empezaron a tomar cada una de las plantas para conocer su incidencia curativa.Durante la  clase, mientras los participantes seguían el paso a paso de la maestra para preparar la receta en casa, Alejandro Riascos, intérprete marimba y compositor de Guapi, Cauca, deleitó la sesión con canciones del Pacífico interpretadas en este instrumento, símbolo de resistencia que llegó a América durante el periodo de la colonia y hoy se exalta como un instrumento ancestral, desde su composición hasta la melodía.

Esta experiencia estuvo asistida por 60 personas de la ciudad de Bogotá, quienes recibieron el kit en sus casa con todos los ingredientes y participaron a través de la plataforma zoom.

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